PostHeaderIcon Eres de lo que te vistes

La ropa que elijes puede ayudarte mucho a la hora de acelerar tu atracción. Atrae a gente acorde a ti, transmite confianza y realza tu atractivo natural por muy poco agraciado físicamente que seas.

Las chicas tienen mucho en cuenta estas cosas a la hora de elegir con quien se acuestan. Ellas mismas se lo aplican continuamente. Todos hemos visto a una chica sin maquillar al día siguiente de una salida social, empezando por nuestra madre o hermana. Hemos sido testigos de lo que cambia la cosa. Así que si quieres más armas en tu repertorio, hazme caso.

Cuidado, voy a hablar de la ropa que llevas en momentos en los que tienes opciones, no intento que cometas suicidio social o laboral (y menos con los pocos puestos de trabajo que hay en España hoy en día). Si os toca vestiros de traje para hacer una entrevista o ir un poco más formales por supervivencia, no os arriesguéis si no estáis muy seguros.

En los 80 y principio de los noventa mis preferencias eran más bien tirando a insípidas. No tenía ningún gusto fijo, iba a la deriva textil y como pre-puber y neo-puber que era, me conformaba con lo que me compraba mi madre. Gracias a los dioses, en general los gustos de las madres han mejorado muchísimo.

Cuando me empezó a importar la ropa, había veces que incluso acertaba. Empecé a salir por pub’s e hice que mi madre me comprara esos jerseys ajustados con cuello alto que tanto se llevaban por aquella época. Los chicos con más éxito solían llevarlos y todas las chicas me decían que estaba bueno con él, así que para mí fue un triunfo.

Un poco más tarde – un año o dos, aunque cuando eres adolescente los años te parecen décadas – me interesé por esa moda que surgió a principios de los 90 relacionada con esa música machacona que sonaba en las discotecas, lo que aquí en España denominábamos “bakalao”. Opté por las camisetas ajustadas con la marca Bones. Tenía otra que me compre en Valencia con letras japonesas, era “super guay” y además acompañaba a mi pasión por el manga. Esta vestimenta fue bastante efectiva, incluso ahora suelo tender a llevar camisetas ajustadas. Por alguna razón me dan confianza.

Más tarde por una serie de cosas y conflictos, vislumbré que la ideología de ese determinado grupo social no iba conmigo. Cosas como el racismo, la intolerancia, la busca de bronca todos los fines de semana… empecé a tener aprensión a todo lo relacionado con el “bakalao”. Incluso hasta hace relativamente poco, evitaba la música electrónica de todo tipo. Pero gracias a que me aleje de toda esta movida, encontré el grupo social con el que ideológicamente de verdad me sentía identificado. Mi personalidad empezaba a tomar forma y era más consciente del camino que quería llevar y con ello el estilo de ropa que aun hasta ahora me influye para decidir lo que quiero llevar: el grunge.

Todo consistía en sacar de tu armario toda esa ropa que ya no te ponías por vieja o por vergüenza; como esos pantalones de cintura alta que llevaba Steve Urkel. Los cogías, los desgastabas, los rajabas y se convertían en tus pantalones favoritos. Ese jersey lleno de descosidos y pelotillas era perfecto. La camiseta más roída por las polillas… bueno todo siempre tiene un límite.

Supongo que habéis visto a Kurt Cobain miles de veces para poder comprobar que a pesar del desgaste y extravagancia de su vestimenta, había un estilo y una clase perceptible que incluso ahora, aunque con un poco más de sobriedad y llevada al terreno comercial, sigue molando. Y esta es la madre del cordero,

el estilo,

que no solo visual sino también ideológico.

Yo tenía claro que me encantaba toda esa música desafinada y que eso gritos rotos me ponían los pelos de punta pero también entraban en juego mis valores más personales. Era ropa vieja y desgastada, no te comprabas cosas nuevas. Íbamos contra el consumismo descerebrado, contra el sistema, contra aparentar algo que no eres, la hipocresía y no solo la hipocresía textil sino contra todo sus tipos.

Este tipo de cosas se convierten en congruencia.

Cuando todo tu yo interior y tu yo exterior se convierten en una unidad sin contradicciones, eres mucho más atractivo que cualquier físico escultural o cualquier traje de Armani. Y si encima puedes expresar toda esa filosofía que te mueve con palabras,

eres una bomba sexual con patas.

Con el tiempo he ido modificando mi vestimenta de acuerdo con las modas más actuales pero nunca me he apartado de mi filosofía integra de vestir acorde a mi mundo interior, el cual también cambia con el tiempo pero siempre queda la esencia perceptible de nuestros valores más arraigados.

En mis triunfos con las mujeres siempre he tenido mis más y mis menos pero ninguna ha podido decir nada en contra de mi estilo de vestir. Siempre lo considero una ventaja.

Si no tienes muy claro que estilo quieres que te represente o cual es el que acompañaría mejor a tu persona, fíjate en la gente que te encuentras por la calle. Justo ese tipo que te llama tanto te llama la atención y dices:

“Como mola, que clase tiene el cabrón”,

ese es el tuyo.

A lo mejor deberás hacer algunos cambios en él. Hacerlo un poco menos llamativo porque esto no es Hollywood y nosotros no somos Mistery pero podemos apropiarnos de la esencia de esa imagen, amoldarla a nuestra persona y elevar nuestro carisma hasta las nubes y más allá.

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