El Ego, el personaje que todos creemos ser
La vida puede ser en ocasiones bastante complicada para aquellos que como yo no creemos en la vida ultraterrena ni practicamos ningún tipo de religión.
Antes de nada avisar que no trato de convencer a nadie ni iniciar un debate pro o anti religioso, de hecho tengo que decir de antemano que envidio a las personas que creen en lo divino. De veras que me gustaría creer que siguiendo ciertas normas un ente superior me hará vivir eternamente en algún lugar donde reencontrarme con toda la gente que he querido y ya no está en este mundo, pero es que simplemente es un concepto que no me entra.
Tengo un gran respeto hacia la religión, como conjunto de preceptos morales que nos ayudan a vivir en sociedad, como organizaciones que ayudan a los desfavorecidos y sobre todo como creencias que evitan a millones de personas entrar en conflicto con la peor situación imaginable que cualquier ser humano: darte cuenta que de forma inexorable vamos camino a la no-existencia.
Es muy duro darte cuenta que un día de estos simplemente dejaras de vivir, que un día estarás aquí y al siguiente no. Quien alguna vez se halla enfrentado a la perdida de un ser querido sabrá por experiencia lo difícil que es para la mente humana aceptar algo tan surrealista como la muerte.
Puedes entender racionalmente el concepto, pero tus emociones entran en ebullición ante la posibilidad de perder todo lo que eres: tus recuerdos, tu personalidad, tus habilidades, tus amigos…todo lo que tienes y eres.
Y cuanto más inteligente eres más presente tienes la muerte, cuanta más cultura y tiempo para filosofar y percibir el mundo más te das cuenta de lo ridícula que es la idea de tener una especie de fantasma que va por ahí pululando por la tierra sin cuerpo, o que exista alguna especie de plan divino por el cual vamos reencarnando una y otra vez para que la humanidad en conjunto evolucione.
Porque seamos claros ¿para que sirve que Julian Muñóz, Jesús Mariñas o Paquirrín reencarnen de nuevo? ¿en que parte del “plan” entran?
Es por eso que las personas sencillas son más felices que las personas inteligentes, y que estas por lo general tienden a arrastrar toda su vida una serie de neurosis que vienen dadas por su conciencia del fin.
Pero no hace falta entrar en dicotomías absolutas, ya que la mayor parte de la gente que no es ni un genio ni un zoquete suelen conseguir cierto equilibrio creándose su propia filosofía vital, hecha con pedazos de todo lo que cae en sus manos, leen o ven en películas o basurilla new age.
Al llegar a cierta madurez todo el mundo se hace su particular pseudo-religión en la que caben sin complejos dios -”no creo en el dios cristiano, en un señor con barba que nos vigila pero si en una inteligencia…en algo superior”, la reencarnación “yo creo que en otra vida fui alguien importante y conocí a Cleopatra y Marco Antonio”, o el alma “pienso que ahí algo porque una vez salí de mi cuerpo y además conozco un montón de gente que ha visto fantasmas”.
Pero ¿como puede una persona conjugar toda una serie de filosofías y religiones -contradictorias entre si-, cogerlas con pinzas y hacer una mezcla que te permita sobrellevar el hecho de que con todas estas supuestas “pruebas” nadie ha vuelto del más allá a darnos alguna pista? Muy sencillo, simplemente no profundizando en las raíces de esas tradiciones.
Con todo este coctel bastardo de ideas funciona a la perfección para el 80% de los no- religiosos, aunque ha veces ni siquiera hace efecto cuando la vida nos pone en un callejón sin salida existencial, caemos en la depresión o sencillamente vemos que la lucha a fin de cuentas es inútil.
Desvinculándonos del personaje
Muchas tradiciones hablan del ego como una herramienta de nuestra verdadera personalidad, una máscara que utilizamos para movernos con el mundo y con la cual solemos identificarnos como aquello que somos -nuestro trabajo, nuestros gustos, filias y pasiones-.
Esas mismas tradiciones también nos cuentan de algo que está más allá de nuestra conciencia normal, lo que representa nuestro verdadero ser, una parte de la mente inmutable y eterna con la que nacemos y de la que rápidamente prescindimos a favor del ego: nuestro yo superior.
Para entendernos mejor el Ego sería el personaje de una obra de teatro que es el mundo, mientras que el Yo Superior vendría a ser el actor. El problema es que todos creemos a pies juntillas ser el personaje y no quien de verdad lo interpreta.
Todo va bien mientras seguimos en el escenario, interactuamos con otros actores-personajes y nos sentimos seguros. Pero al mismo tiempo que estamos allí arriba también percibimos que el escenario tiene unos bordes, y esos bordes dan a un inmenso vacío oscuro del que nada sabemos: la muerte.
El yo superior vendría a ser la parte de nuestra mente que si es capaz de encontrarle un sentido a la existencia y nos permite vivir en el “aquí y ahora”. A diferencia del Ego el Yo superior vive en la eternidad del presente y solo en contadas ocasiones y de forma accidental el Ego deja un espacio para que el Yo Superior se manifieste y de golpe !Zas! Todo tiene un sentido, todo está relacionado con todo y dejamos de buscar una razón.
Ese tipo de estados de conciencia del ahora son esporádicos y generalmente accidentales, pero es entonces cuando de repente el personaje recuerda que es un actor y percibe que cuando termine la obra y baje el telón su papel terminará y el actor que en verdad es seguirá su camino.
Estas ideas son propias de muchas filosofías orientales tales como el taoísmo o el Zen, y pasar aunque sea momentáneamente de personaje a actor sería lo que se llama iluminación o satori. Si queréis profundizar más sobre ello os recomiendo el excelente libro El Poder del Ahora del que ya hablamos en este post.
Sin entrar en discusión sobre si ese actor es el alma y esta es inmortal, lo que está claro es que el personaje no es el que supuestamente tiene que reencarnar, vamos, que el personaje que creemos ser seguro se queda en este mundo y muere junto al cuerpo.
No se si ese yo superior tiene autonomía propia fuera de su cobertura material, pero mi propia experiencia vital me demuestra que cuando queremos encontrar un sentido a la existencia es a este y no al ego al que debemos recurrir.
El Ego no quiere morir pero sabe que es inevitable, ve que hay un borde que separa el escenario de la nada y se da cuenta que otros personajes vienen, se van y nunca vuelven. Pero ¿como dejar un espacio que nos permita huir de la tiranía de un personaje neurótico y miedoso que nos posee?.
Escribe un diario
Plasmar en papel lo que haces, piensas y proyectas para el futuro es una herramienta de autoconocimiento sencilla y con un potencial enorme para darte cuenta de lo absolutamente predecible y evidente que eres como personaje, sobre todo cuando te tomas la molestia de releer el diario pasado un tiempo.
Es entonces cuando te percatas de las pautas que sigue tu ego, de sus carencias y de totalmente maleable que puede llegar a ser como herramienta. Cuando empiezas a leer tus vivencias fuera de ti, como si del protagonista de una novela se tratara es cuando podemos comenzar a reubicar nuestra conciencia desde el punto de vista del personaje a como el propio actor se ve. Y es cuando conseguimos conocimiento y autentico poder sobre nuestra vida.
El actor tiene un poder que no tiene el personaje: sabe que todo acaba y que nada es tan importante como para implicarse de forma absoluta en el mundo, por tanto ningún otro actor que se cree su personaje puede hacerle daño o herirle, e incluso tiene la capacidad de improvisar y readaptarse a la obra sin dejar de ser el mismo.
Pero para quien nunca halla escrito un diario he de decir que leerlo puede ser un shock, puedes llegar a darte cuenta de lo absurdas e infantiles que son tus motivaciones diarias -sobre todo si lo haces correctamente y eres 100% sincero en plasmar todo lo que piensas-.
Sin embargo me parece la forma más barata y rápida de conocerse uno mismo y ponernos en el camino de obtener esas respuestas que todos en un momento u otro de la vida necesitamos. Lo que está claro es que no somos los personajes que creemos ser, y de ellos solo obtendrás una visión miope y parcial del mundo misterioso y maravilloso en el que todos vivimos.
¿Alguno de vosotros escribe un diario? ¿que sensaciones tiene cuando lo relee? Quisiera conocer vuestras experiencias al respecto !participad y comentad!.
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Me he sentido totalmente identificado con tus opiniones. Realmente no me entra en la cabeza el porque iva a haver un mas allà , enfermedades como el alzeimer son para mi una gran prueba, que le pasa a la persona que sufre alzeimer? Que pasa que se va al más allà sin saber ni quien es?
Ademas no acabo de ver una identidad clara en las personas, la misma persona, de joven a vieja pasa de tener una identidad a tener otra. Estamos hechos de las exprienceias que hemos vivido, eso es realmente la identidad, no es nada innato.
Y que razón tienes en envidiar a las personas religiosas, joder como me gustaria tener fe en que me espera otra vida para poder ser sumamente feliz en esta. Porque si eres de darle al coco, puedes llegar a conclusiones tan reales como que todo lo que hagas en realidad no tiene ningún sentido, no servira para nada dentro de cien años. Y es que tienes q mirar a otro lado y no hacerle mucho caso a esas conclusiones tan rrealistas porque sino puedes acabar depresivo perdido.
Yo lo que hago es autoengañarme(pensar que no puedo estar seguro de que mi vida se acabe y que hay algo muy especial para que exista la humanidad) y tener objetivos, x eso realizo actividades de todo tipo. Otra solución está en el amor, realmente te hace sentirte inmortal, o simplemente apreciar tanto el presente que te la sude morirte o no.
si lo vemos desde otra perspectiva,¿realmente es tan genial ser inmortal y eterno?
pasará un año,pasarán dos y seguiras con tu vida.pasarán cien años,y otros cien y dirás:¡Caray¡Asà que esto es el futuro…Me alegro de haberlo visto.Pero luego pasarán mil años y otros mil años más,y no habrá nada en el mundo que no hayas hecho ya.¿Y entonces qué?Entonces te aburrirás porque no tienes nada que hacer.Pasarán cien mil años más y ya será insoportable.Enloquecerás y preguntarás cuando se acabará.Pero no se acabará nunca,porque eso es lo que significa ser eterno.visto asÃ,más que una bendición parece una tortura,una maldición.En el caso de que exista Dios,¿no estará aburrido?
@David: distraerse y autoengañarse a veces es una bendición ante la perspectiva de la nada eterna…
@Sergi: pues no sé, siglos y siglos de disfrutar del arte, la naturaleza, el amor, la risa…!debe ser duro ser inmortal! aunque ya viviendo pocas décadas hay gente que se amarga la existencia. Supongo que vivir eternamente no es para todos.
Hace dos años comence a escribir un diario. Solo escribo durante las noches de los dias dificiles en lo que me dan ganas de mandar todo al diablo, porque no le encuentro sentido a lo que sucede en la vida.
A veces lo leo y me doy cuenta que en su mayoria contiene recuerdos bonitos de una chica que conoci, la musica que escuchaba en esos dias oscuros, los problemas que tenia. Luego miro el presente y veo que puede ser mejor que el pasado.
Coincido con David: el amor te hace sentir inmortal y nada mas importa, pero el desamor…ese si que te hace sentir como mierda.